Estado de goce, estado de deseo
Estoy en un mundo voraz, en una vida nihilista entre sistemas que todo el tiempo me capturan negativamente de alguna forma. Estoy también enamorado de mi novia, enamorado de mi vida, de mi cuerpo, del cuerpo de mi novia, de los roces que nos regalamos, de la vida de mi novia cuando se pega a la mía. Pero estoy capturado por una forma de vida que me tiene enrutinado, direccionado, obturado, que me roba el tiempo que dura y me da sólo el que pasa. Camino todos los días entre el transporte publico, entre los cuerpos ajenos, entre una computadora y un celular, entre la música para relajar, para bailar, para pensar; camino explicándome en un espacio que me apaga para volver a dormir y volver a lo mismo al otro día. Todos los días caminando buscando los rincones donde mi deseo se abalance, donde poder abrazar cualquier cosa en cualquier lugar, un momento donde mi escritura dure sin sufrir, sin sudar el tiempo que pasa. Sin la necesidad de ir en busca del tiempo perdido. Intensificar la duración y que el goce en su evanesencia haga huella, meta guacha, agite el deseo y se repita en la diferencia de una vida que salta el límite para encontrarse ocupando un espacio abierto, aunque sea el mismo aunque diferente.
Salir, volver a salir.
Por qué se siente tanto el encierro, por qué se obturan las salidas, por qué el miedo en la incertidumbre, por qué no el deseo, por qué siempre la falta y no la creación, por qué siempre la ausencia y no siempre el cuerpo deviniendo, desparramado en una cama, rodeado de otros cuerpos, abrazando otros olores tan ajenos y tan propios. Por qué el nihilismo y no la vida alegre, por que la angustia con culpa y no la experiencia con brumas, sin comentarios, pero con historia. ¿Cómo volver a educarme? ¿Cómo encontrar en esta repetición abrumadora de una rutina de supervivencia la diferencia que libere esa fuerza que se convierte en angustia apabullante?
Salir, volver a salir.
Por qué se siente tanto el encierro, por qué se obturan las salidas, por qué el miedo en la incertidumbre, por qué no el deseo, por qué siempre la falta y no la creación, por qué siempre la ausencia y no siempre el cuerpo deviniendo, desparramado en una cama, rodeado de otros cuerpos, abrazando otros olores tan ajenos y tan propios. Por qué el nihilismo y no la vida alegre, por que la angustia con culpa y no la experiencia con brumas, sin comentarios, pero con historia. ¿Cómo volver a educarme? ¿Cómo encontrar en esta repetición abrumadora de una rutina de supervivencia la diferencia que libere esa fuerza que se convierte en angustia apabullante?
Comentarios
Publicar un comentario