Insistencia
Fue sin querer, suplican e insisten. Aborrecer la suplica y la insistencia anulan mi violencia, colman mi paciencia y desatan una piedad sin motivo, una compasión dejada, que no tienen como objetivo sino más bien la liberación del conflicto. Debilidad doble que no se niega, que hasta el momento no se ha podido negar, no ha sabido afirmarse. El estado de las cosas, el movimiento de las mismas es abrumador en su insistencia y suplicancia. Se huele el miedo que recorre nuestros cuerpos, ya no por cambiar el rumbo sino imaginarlo estático. Ver las cosas quietas recupera los espasmos epilépticos de la suplica que insiste en no detenerse. Una droga sin efecto, una droga para idiotas. Ver las cosas moviendose en la quietud es lo que la última experiencia, con mayúscula, nos pide. Ir tan rápido que no nos movemos. El mundo ya no nos da nada, solo vidrieras estériles y paquetes de turismo para insensibles. En unos meses salgo de mi país por primera vez a donde comenzó, según dicen, el movimien...