Insistencia
Fue sin querer, suplican e insisten. Aborrecer la suplica y la insistencia anulan mi violencia, colman mi paciencia y desatan una piedad sin motivo, una compasión dejada, que no tienen como objetivo sino más bien la liberación del conflicto. Debilidad doble que no se niega, que hasta el momento no se ha podido negar, no ha sabido afirmarse.
El estado de las cosas, el movimiento de las mismas es abrumador en su insistencia y suplicancia. Se huele el miedo que recorre nuestros cuerpos, ya no por cambiar el rumbo sino imaginarlo estático. Ver las cosas quietas recupera los espasmos epilépticos de la suplica que insiste en no detenerse. Una droga sin efecto, una droga para idiotas. Ver las cosas moviendose en la quietud es lo que la última experiencia, con mayúscula, nos pide. Ir tan rápido que no nos movemos. El mundo ya no nos da nada, solo vidrieras estériles y paquetes de turismo para insensibles. En unos meses salgo de mi país por primera vez a donde comenzó, según dicen, el movimiento de la razón, de nuevo con mayúsculas, para llegar a lo que hoy el mundo es. En México, el caribe, fue el lugar donde los europeos, con minúscula, llegaron buscando rutas comerciales a India. Llegaron con su voluntad de comerciar, nos tiraron con su religión para infelices y nos contagiaron sus enfermedades. Yo que soy más europeo que los que estaban antes que estos me aburro con las maravillas de las que se vanaglorian hoy en ese viejo continente. Me voy a México a ver qué nos queda, a verme fuera y negar esa debilidad doble, negarla de nuevo para que se afirme y esta vida se deje de joder.
Europa minusválida nos exporta su orden y su buen gusto, esa moral suplicante, pero lo más lindo que tiene son esos hombres que la han aborrecido. Los europeos que me gustan son los que con sus libros han escupido a ese orden y esa razón, que han podido cagar ese juicio, esa infeliz moral. De México para abajo el empacho ya es parte de nuestra vida. Argentina y particularmente su capital, son el espacio europeo más logrado en este lado del mundo. No por su arquitectura, sino por esa voluntad de ser europa, con minúscula, de tener esa actitud de mirarse constantemente en el espejo. Se mira por ella y mira a europa para ser ella. Un embole. Un amigo se fue a suecia porque las cosas se hacen bien ahí: "se hacen bien", frase más idiota. Esa impersonalidad que busca la culpabilidad de todos al mismo tiempo, esa impersonalidad que señala todo lo otro como idiotez, cuando se dan cuenta que en esa impersonalidad ni siquiera hay algo que se haga, todo se hace para que uno no haga nada y se vuelva inerte. No es necesario hacer más nada porque todo se hace bien, esta ordenado, establecido, limpio, sin olor. Argentina, culo del mundo, europa vieja chota. México, colonia con cólicos ahí voy.
Encerrado en esta oficina donde trabajo en negro me creo más inteligente que la media y no dejo de hacer las mismas cosas que los más idiotas que tienen miedo. Miedo que nos rodea, el miedo que la escasez como paradigma nos impone, miedo al fracaso, miedo al éxito, miedo a ser un idiota, a ser un fracasado, a no llegar a fin de mes, a reclamar algo, a robar algo. Pero que mejor que ser un fracasado en este mundo del éxito y la inseguridad.
Pasar la mañana escribiendo, creo, es mejor que quedarme sentado mirando el celular. La plata que tengo en la caja es bastante como para irme y no volver. Horrible todo, menos mi novia, menos mis amigos, menos las drogas, menos el viaje México.
El estado de las cosas, el movimiento de las mismas es abrumador en su insistencia y suplicancia. Se huele el miedo que recorre nuestros cuerpos, ya no por cambiar el rumbo sino imaginarlo estático. Ver las cosas quietas recupera los espasmos epilépticos de la suplica que insiste en no detenerse. Una droga sin efecto, una droga para idiotas. Ver las cosas moviendose en la quietud es lo que la última experiencia, con mayúscula, nos pide. Ir tan rápido que no nos movemos. El mundo ya no nos da nada, solo vidrieras estériles y paquetes de turismo para insensibles. En unos meses salgo de mi país por primera vez a donde comenzó, según dicen, el movimiento de la razón, de nuevo con mayúsculas, para llegar a lo que hoy el mundo es. En México, el caribe, fue el lugar donde los europeos, con minúscula, llegaron buscando rutas comerciales a India. Llegaron con su voluntad de comerciar, nos tiraron con su religión para infelices y nos contagiaron sus enfermedades. Yo que soy más europeo que los que estaban antes que estos me aburro con las maravillas de las que se vanaglorian hoy en ese viejo continente. Me voy a México a ver qué nos queda, a verme fuera y negar esa debilidad doble, negarla de nuevo para que se afirme y esta vida se deje de joder.
Europa minusválida nos exporta su orden y su buen gusto, esa moral suplicante, pero lo más lindo que tiene son esos hombres que la han aborrecido. Los europeos que me gustan son los que con sus libros han escupido a ese orden y esa razón, que han podido cagar ese juicio, esa infeliz moral. De México para abajo el empacho ya es parte de nuestra vida. Argentina y particularmente su capital, son el espacio europeo más logrado en este lado del mundo. No por su arquitectura, sino por esa voluntad de ser europa, con minúscula, de tener esa actitud de mirarse constantemente en el espejo. Se mira por ella y mira a europa para ser ella. Un embole. Un amigo se fue a suecia porque las cosas se hacen bien ahí: "se hacen bien", frase más idiota. Esa impersonalidad que busca la culpabilidad de todos al mismo tiempo, esa impersonalidad que señala todo lo otro como idiotez, cuando se dan cuenta que en esa impersonalidad ni siquiera hay algo que se haga, todo se hace para que uno no haga nada y se vuelva inerte. No es necesario hacer más nada porque todo se hace bien, esta ordenado, establecido, limpio, sin olor. Argentina, culo del mundo, europa vieja chota. México, colonia con cólicos ahí voy.
Encerrado en esta oficina donde trabajo en negro me creo más inteligente que la media y no dejo de hacer las mismas cosas que los más idiotas que tienen miedo. Miedo que nos rodea, el miedo que la escasez como paradigma nos impone, miedo al fracaso, miedo al éxito, miedo a ser un idiota, a ser un fracasado, a no llegar a fin de mes, a reclamar algo, a robar algo. Pero que mejor que ser un fracasado en este mundo del éxito y la inseguridad.
Pasar la mañana escribiendo, creo, es mejor que quedarme sentado mirando el celular. La plata que tengo en la caja es bastante como para irme y no volver. Horrible todo, menos mi novia, menos mis amigos, menos las drogas, menos el viaje México.
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